domingo, 4 de mayo de 2014

LA MENTE NO ES UN CHICLE

                                                Los grandes triunfos pueden pasar factura


Semana de grandes gestas europeas de los dos equipos de Madrid. 0-4 del Madrid al Bayern. 1-3 del Atleti al Chelsea. Dos hazañas. ¡Final madrileña en la Champions! Histórico. Sublime. Se desata la euforia. Elogios y más elogios. ¿Quién puede conseguir una entrada para Lisboa? Domingo: ambos se juegan la liga. El Atleti pierde contra el Levante. El Madrid empata en casa frente al Valencia. (???). Fútbol es fútbol.

Los equipos grandes conocen bien estos “partidos trampa”. Tras una victoria importante, si el juego siguiente es aparentemente más fácil, ¡peligro! Por eso, tanto Ancelotti como Simeone, tras los triunfos europeos, se han esforzado en pasar la página y centrar la atención de sus jugadores en los inminentes compromisos ligueros. Pero no es fácil. Sobre todo cuando lo conseguido es tan grande y la euforia colectiva acecha por todas partes. ¡Nos vamos a Lisboa! Lo racional dicta olvidarse de la hazaña y pensar en el siguiente partido. Lo emocional, muy intenso, insiste en recrear las extraordinarias vivencias vinculadas a la magnitud del logro. Qué se imponga lo primero, si es que se consigue, requiere un sobreesfuerzo mental que puede pasar factura. Porque la mente, incluso la de las grandes estrellas, no es un chicle. Tiene un límite. ¿Explica lo sucedido?

En estos dos casos, al tratarse de partidos de una enorme trascendencia, no cabe dudar del deseo y la entrega de los jugadores. Seguro que lo han dado todo. Otra cosa es que hayan podido esforzarse y acertar como la ocasión requería. Existe un desgaste físico que se acentúa en el final de la temporada, y los rivales, aunque no se jueguen mucho, también cuentan. Pero además, hay que tener en cuenta el enorme desgaste emocional que conlleva todo lo vivido, y el sobreesfuerzo mental anteriormente señalado. Más aún, cuando el marcador se pone en contra, la ansiedad aumenta, el esfuerzo requerido es mayor del esperado y la frustración por no marcar se manifiesta. El peso de cada factor es difícil de determinar, pero todo apunta a que lo mental ha tenido una influencia destacada.

¿Y ahora? La final de la Champions está lejos, por lo que será más fácil centrar la atención y el esfuerzo en la liga. Aunque la trascendencia de los partidos será máxima, y controlar la ansiedad, un objetivo prioritario. El antídoto: la autoconfianza. Confiar en lo que se sabe hacer, en lo que hasta la fecha se ha hecho bien, en los compañeros, en el equipo como unidad. No precipitarse, ni querer resolver el partido rápido, o cada uno haciendo su guerra. Confiando en que jugando como en el resto de la temporada, llegarán los resultados.


Chema Buceta
5-5-2014

twitter: @chemabuceta

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